Cuando bajan las temperaturas, lo primero que hacemos a la hora de pensar en qué cocinar, es planificar un guiso de lentejas bien cargado o un rico chocolate de postre, “porque hace frío”.

Ana Costa, licenciada en Nutrición.
Es casi un reflejo. Sin embargo, comer sano en esta época no tiene por qué ser sinónimo de platos pesados o de vivir a base de líquidos. La clave, según la nutricionista Ana Costa, está más cerca de lo que pensamos: en la verdulería del barrio y en recuperar un hábito que el apuro nos hizo olvidar: masticar.
Aprovechar «el máximo potencial» de la estación
No es casualidad que la naturaleza nos dé cítricos y coles justo ahora. Estos alimentos están en su mejor momento nutricional. El desafío que proponen los especialistas es salir de la zona de confort del puré y el zapallo hervido.
«El desafío está en incorporar vegetales también en su formato crudos», explicó a NotiSalud sugiriendo opciones como la zanahoria rallada o ensaladas de hojas verdes. Si el frío te pide algo caliente, las tartas, suflés o tortillas son excelentes alternativas para sumar acelga y espinaca sin que todo termine licuado.
Masticar para no comer de más
Hay una razón biológica por la cual no deberíamos abusar de los calditos y licuados. Al no masticar, el cuerpo no registra la misma saciedad. «El beneficio de masticar los alimentos va a ser de que tenga más volumen, más saciedad y que esto haga de que yo también coma en porciones moderadas», señaló Costa.
Masticar no solo ayuda a la digestión, sino que es nuestra herramienta natural para controlar las porciones. Incluso en los guisos, el secreto no es prohibirlos, sino equilibrarlos: mucha verdura, alguna carne magra y no pasarse con la papa o el cerdo para que el plato no se vuelva una «bomba» calórica.
Comer como vivimos: el riesgo del modo automático
A veces, el problema no es el chocolate o el guiso, sino el ritmo caótico que llevamos. «Comemos en modo automático, devoramos la comida, no la disfrutamos», advirtió la nutricionista sanjuanina.
Ese desorden diario se traslada al plato. La recomendación es clara: ordenar las comidas, asegurar la presencia de proteínas y frutas, y evitar los ayunos prolongados que siempre terminan en un «desborde» frente a la heladera.
El agua: la gran olvidada del frío
En San Juan, el clima seco nos juega una mala pasada y muchas veces reemplazamos el agua mineral por litros de mate o café. Gran error. La hidratación no se negocia. Un truco simple para saber si estamos bien: mirar el color de la orina. Si está oscura, falta agua, explicó Costa.
Para los que no toleran el agua fría en esta época, el consejo es práctico: «consumirla a temperatura ambiente o directamente de la canilla». Lo importante es no dejar que el frío nos quite el hábito de hidratarnos.
Encuentra a la Lic. Ana Costa en Clínica Garzón, San Juan, Capital.