La cardióloga infantil Teresita Herrera, integrante del equipo del Hospital Guillermo Rawson, explicó a NotiSalud cómo la posibilidad de operar a bebés prematuros dentro de una incubadora especial se ha convertido en una herramienta clave para reducir riesgos y mejorar la seguridad de los recién nacidos más frágiles.

La servocuna es un equipamiento que el Hospital Rawson tiene que permite realizar complejos procedimientos en bebés prematuros sin trasladarlos a un quirófano.
“Es algo que beneficia muchísimo a los bebés, especialmente a los prematuros”, señaló la especialista, al describir el impacto que tiene evitar el traslado de un paciente crítico fuera de la terapia intensiva.
El ductus del prematuro, una urgencia silenciosa
Herrera detalló que una de las cardiopatías más frecuentes en los recién nacidos prematuros es el ductus arterioso persistente, un conducto que en la vida fetal comunica dos arterias principales del corazón y que, al nacer antes de término, puede no cerrarse correctamente.
“Cuando ese conducto no se cierra, afecta la función del corazón y de los pulmones, y puede generar complicaciones que ponen en riesgo la vida”, explicó.
Primero se intenta el cierre con medicación, pero cuando no funciona, la opción es quirúrgica.
La servocuna: el espacio donde se interviene
La cardióloga explicó que estos procedimientos se realizan en una servocuna, un dispositivo que permite regular temperatura, humedad y otras condiciones necesarias para la estabilidad del bebé. Herrera destacó que el Rawson ha intervenido incluso a bebés de 500 gramos, y que hacerlo dentro de la servocuna marca una diferencia enorme.
“No es una incubadora cubierta, es un lugar donde se pueden regular las condiciones de confort y la seguridad para realizar la cirugía”.
En la servocuna no solo se llevan a cabo intervenciones quirúrgicas, sino también procedimientos habituales de neonatología: canalización de venas, extracción de muestras, punciones y otras prácticas necesarias por complicaciones asociadas a la prematurez.

Teresita Herrera, cardióloga infantil.
“Para ellos es mucho más seguro si la cirugía se realiza en su propio entorno, sin moverlos de la terapia intensiva”, afirmó.
El traslado, aun dentro del mismo hospital, implica un riesgo altísimo: respiradores, vías, bombas de infusión, monitores.
Además, el personal de neonatología es quien mejor conoce al bebé. “Son quienes lo controlan todos los días y están más capacitados para monitorear sus funciones durante la cirugía”, agregó.
La Giraffe
Una cuna térmica permite regular temperatura, humedad y todas las condiciones necesarias para que el bebé se mantenga estable durante el procedimiento. EL Hospital Rawson tiene este equipamiento – modelo Giraffe de General Electric- hace un par de años y su aplicación se ha vuelto más regular en el último tiempo.
Sobre la cantidad de intervenciones de ductus que se realizan en San Juan, Herrera aclaró que no cuenta con estadísticas actualizadas sobre procedimientos de patologías cardiológicas infantiles, además resaltó que usando la misma servocuna se hacen otras intervenciones de cirugía general.
“En el año se hacen varios procedimientos, pero el cierre quirúrgico del ductus es algo poco habitual. Es excepcional que tengamos que llegar a la cirugía, porque siempre se intenta el procedimiento no cruento”, indicó.
Aun así, cada vez que ocurre, «la Giraffe» se convierte en un pequeño quirófano dentro de la terapia intensiva.
Un espacio donde la tecnología, la precisión y la calma del equipo médico se combinan para darle a un bebé prematuro la oportunidad de estabilizarse y seguir creciendo.